Introducción y Síntesis
Este proyecto responde a un vacío importante en la educación sexual de los jóvenes. Este consiste en que lo ético no se ha tomado como eje y centro de esta educación, ni se ha dado a los valores la prioridad debida como preocupación. El objetivo central que planteo para el proyecto es, en efecto, educir y cultivar lo ético en la educación sexual, el rediseño de la educación sexual basado en una perspectiva integradora, no fragmentada.
Los valores son necesarios para el desarrollo pleno de la sexualidad de los adolescentes, para que estos logren construir vínculos más sanos y plenos con sus semejantes y con ellos mismos, en el marco de la maduración de una sexualidad sana y feliz.
El no haberle dado a esta perspectiva un peso suficiente ha llevado a que la educación sexual actual encuentre serias dificultades y contradicciones como producto de sus propias limitaciones que es necesario superar.
Muchos padres de familia resienten y se resisten esa educación sexual a la que culpan del aumento de la actividad sexual de sus hijos, temiendo que la información descarnada que esta educación provee acerca de la misma función sexual, pero sobretodo la relativa a los métodos anticonceptivos y de prevención de las enfermedades de transmisión sexual, termine por estimular en lugar de contener la actividad sexual prematura de sus hijos. Y no dejan de tener algo razón. Hay oposición también de parte de la Iglesia Católica y otras, por un comprensible temor al daño moral de los jóvenes, aunque a veces pequen de un exceso de recelo sobre la sexualidad misma.
Pero obviamente me preocupan las posibilidades reales de una educación sexual ética. No es fácil. Los educadores encargados de estas áreas, son personas que provienen de hogares donde existió una manera de crecer en la sexualidad, de acercarse a la misma y recorrer caminos propios de la psicoafectividad, bastante complejos y muchas veces disfuncionales, por lo que ellos mismos podrían ser personas heridas en su sexualidad (entre muchas otras heridas, y como la mayoría de los humanos). Por lo tanto sus valores pueden haber crecido muy afectados por carencias primarias o confusiones a nivel afectivo y/o cognitivo sobre lo que es una sexualidad plena. Podrían estar confundidos entre su universo personal y la prédica restrictiva de conductas “buenas” que ellos mismos tienen dificultades para sostener (como todos, en mayor o menor medida), prédica que es tan solo el reflejo de lo que alguna vez y a modo de letanía les repitieron a ellos, y así sucesivamente, generación tras generación, con ciertos progresos tal vez, pero igualmente fragmentada. El riesgo es que al educar a los niños y niñas, se transmitan los antivalores que vienen de los traumas y de las heridas del crecimiento de sus mentores. Por ello propongo que la capacitación de estos educadores y sobretodo de los formadores de los formadores, debe aportar experiencias reparadoras, nutricias, que, aunque no resuelvan todas las dificultades de estas personas a quienes se les confía la educación sexual de nuestros hijos, al menos aporten herramientas y fuerzas para una contención sana de su sexualidad, sin lo cual esa educación no podría ser ética.
Para abordar este tema de la educación sexual ética, he diseñado un proyecto que presento en este texto. Luego de una breve definición del tema (Sección 2) y de hacer explícito su objetivo (Sección 3), comienzo una amplia justificación del proyecto en la que se examina la problemática que hoy se presenta sobre la educción sexual (Sección 4). Luego hago una amplia exposición del fundamento teórico de la propuesta, ya que por su novedad necesita ser explicada y sustentada de manera particularmente rigurosa (Sección 5).
Parto de una definición del concepto de ética que en realidad se irá esclareciendo a lo largo de toda la discusión teórica. Lo que caracteriza este esfuerzo es que trato de examinar el tema de la educación sexual ética, al igual que haría en cualquier otro espacio, desde una perspectiva esencialmente integradora, no fragmentada. Pongo énfasis especial en el reconocimiento del fundamento biológico de lo ético, y, sobretodo, de su aparición como parte de la evolución de las especies, porque ese aspecto ha sido inexplicablemente relegado.
La perspectiva que adopto no reduce lo ético a lo "natural", pero me obliga a reconocer una base natural en lo ético. Si lo ético viniera sólo de lo racional y no de lo biológico, saltaría la pregunta acerca de donde viene lo racional si no es de un ser que siente, se emociona, reflexiona, producto de una biología “natural” que evoluciona, inseparable de lo racional porque lo integra. Obviamente hay quienes prefieren elevar la ética a la condición de ser una revelación divina, pero sin una naturaleza sensible y reflexiva eso tampoco sería posible. Esa, sostengo, es una perspectiva integradora, no fragmentada de la vida, de nosotros mismos.
La vieja separación entre mente y cuerpo como “sustancias” diferentes, encuentra, como lo hiciera Spinoza en el Siglo XVII, su opuesto en la idea integradora, no fragmentada, o dualista sólo en el sentido de “aspectos” pero no de “sustancias” fundamentales.
Los conceptos, la teoría del conocimiento, la misma lógica, y obviamente la ética, deben derivarse del desarrollo de toda la vida natural y espiritual y no basarse únicamente en la coherencia de un concepto consigo mismo, o con otro concepto. |