En el marco conceptual sostengo que lo ético es todo aquello que emerge en la vida protegiendo la integridad de esta frente a su medio y a sí misma, a veces incluso a costa de sí misma (sacrificio, postergación, contención, dolor, renuncia, culpa), a través de un proceso evolutivo en curso, que no cesa. Mantengo que lo ético se apoya en la capacidad de la vida para percibirse a sí misma y a su medio, y de discriminar a lo ‘bueno’ o ‘malo’ para ella, desde las formas más rudimentarias, simples, y primarias, hasta las más finas, complejas e integradas, gracias a sus atributos de sensibilidad, irritabilidad y subjetividad.
En sus formas más desarrolladas esta auto percepción de la vida que evolutivamente lleva a lo ético desde lo proto-ético, se manifiesta en las emociones y sentimientos - egoístas y altruistas a la vez -, que surgen acerca del estado de la homeostasis de los organismos (consciencia del bienestar y de la supervivencia, resonancia límbica, empatía, resistencia a la fragmentación), y es nombrada y elaborada en el pensamiento reflexivo y apoyada por la memoria y por la consciencia que en los humanos se amplían extraordinariamente. Sostengo que lo ético
incluye, por lo tanto, los pensamientos éticos que acerca de ello elabora el ser humano y la acción ética real de este, que nombra esa misma palabra, en sus inexistentes formas de verbo: eticar, y de función: eticante o eticativa. La creación de estas dos palabras me resultó muy importante para terminar de aclarar la visión y misión de este proyecto. La palabra ‘ética’ viene del griego ‘ethos’ o ‘ethikos’, que significaba “casa’, ‘lugar donde se habita’. Y ‘moral’ viene del latín ‘moralis’, palabra que alude a las costumbres (mores en inglés) y probablemente tiene la misma raíz que la palabramorada. Es decir, de alguna forma, ambas palabras aluden a un lugar protegido, o a una conducta segura por excelencia. Por ello me siento cómodo al sostener que lo ético tiene que ver con ‘lo que protege’. Percibir esa cualidad en la etimología de la palabra “etica” me permite, literalmente, sentir ese espacio en la vida humana y resonar con el drama humano, con el proceso que ha seguido la humanidad para llegar a ese concepto.
En lugar de tratar de definir un sustantivo, “ética” me parece mucho más fructífero y sugerente tratar de describir ese proceso, el proceso de lo ético, de la función eticante, de la cualidad eticativa, que surge en la evolución de la vida de la que formo parte tanto como mi lector, una actividad que protege a la vida de su desintegración tan inevitable como su resurgimiento. Creo que, así como las partículas subatómicas aparentemente surgen en el espacio-tiempo, lo ético surge en la evolución de la vida, aparece y desaparece, y vuelve a aparecer como la materia y la antimateria.
Desde esta perspectiva quiero abordar lo ético no como un concepto “muerto” dado, sino como un proceso del que forma parte incluso la actividad que llevo a cabo en este momento, al escribir estas líneas, motivado por una preocupación humana por discernir lo “bueno” y lo “malo”. Estoy haciendo una afirmación sobre lo ético y lo que diga es ético, o no lo es, o es antiético, tal como lo percibo yo, o como lo percibe quien lee lo que escribo, en nuestra subjetividad. Es decir, al hacer una afirmación sobre lo ético, estoy reconociendo el pensamiento y el lenguaje que usamos, como realidades, tan reales como el contexto al cual me refiero. Esta es una actividad eticativa, y sus resultados son eticantes en una realidad que necesita de lo ético. Así, al definir la ética no caemos en el mismo error del pensamiento, que separaría la ética como una ‘cosa’ fragmentada del mundo en el que existe y separada de quien se ocupa de lo ético.
Puedo decir que, para mí, el valor es un sentimiento particular percibido en el cuerpo como cualidad que emerge en la relación estructural compleja y dialéctica entre el pensamiento del ser humano, y su entorno, relativo a lo que es, dialécticamente, “bueno” o “malo” para la supervivencia y el bienestar del individuo, del otro, de su entorno y de su colectividad y de su medio ambiente o ecología.
No traemos “desde fuera” lo ético, ello se construye desde dentro, desde la acción eticante (para hacer uso de las palabras que he creado en la sección 5.12), basada en la sensibilidad, y en su construcción necesita del otro que es también un ser sintiente, como parte de esa cualidad que surge evolutivamente, desde sus formas más primitivas, desde los comienzos de la vida. Esa cualidad, a mi parecer, los educadores la educimos en los educandos si podemos educirla en nosotros mismos, y nos relacionamos con ella modulándola, influyendo sobre ella, por así decir, sirviendo de sintonía fina a lo que ya existe como un don natural en proceso, producto de la evolución, ontogenética y filogenética, y que se manifiesta en el conocimiento y el comportamiento ético, eticativo.
El recorrido hecho en esta sección de las bases biológicas de lo ético, me permitió reconocer que, amén de lo proto-ético, también existe en la naturaleza, y en el hombre por ende, lo antiético, lo destructivo, lo que amenaza a la vida, al menos de una parcela de esta en contra de otra. Eso me llevó a poner a la ética, en tanto quehacer humano, en un lugar muy interesante e importante: como la creación de un espacio deliberado para la lucha consciente de una parte de nuestra naturaleza contra la otra, lo que enfatiza su base en la libertad.
El estudio detallado de los procesos de la vida me llevó a destacar el rol de las emociones, de los sentimientos, de la consciencia y del inconsciente en el proceso ético, o eticativo, desentrañando las maneras cómo el sistema límbico, la corteza cerebral y las diferentes partes del sistema nervioso evolucionaron para hacer posible los procesos de la percepción, de la sensibilidad, de la irritabilidad y subjetividad, y de las regulaciones intersubjetivas que sustentan lo ético. Los sentimientos son centrales en la evolución de la ética y los describo en este texto como una experiencia integrada, como la percepción de un cierto estado del cuerpo, junto con la percepción de cierto modo de pensar y de pensamientos con ciertos temas.
Presto mucha atención en el marco teórico de este proyecto a los aportes de la etología. Los animales, sobretodo los más desarrollados y en particular los mamíferos, nos muestran los albores de lo ético humano de maneras cada vez más sorprendentes, en la medida en que nos permitimos descubrir su gestación evolutiva, y nos vamos quitando el barniz de superioridad con el que pretendemos diferenciarnos de ellos y, como decía Tagore:
Muchas veces me pregunto dónde se esconden las fronteras del reconocimiento mutuo entre el hombre y la bestia,
cuyo corazón no conoce la lengua hablada.
¿En qué lejana mañana de la creación, de ese paraíso original, se encuentra ese sencillo camino que recorrían sus corazones para visitarse?
Porque las huellas de su caminar incesante no se han borrado, aun cuando, hace mucho tiempo, se olvidó su parentesco.
Sin embargo, súbitamente, en una música sin palabras, se despiertan esos vagos recuerdos.
Y la bestia contempla el rostro del hombre con tierna confianza
Y el hombre le devuelve una mirada a sus ojos, afectuosa y sonriente.
Pareciera que dos amigos se encontraran, enmascarados, y se reconocieran vagamente desde atrás de sus disfraces.
En esta dimensión única de cuatro lados o aspectos indivisibles, integrados, no fragmentados: cuerpo, mente, espíritu y el otro, tomo al cuerpo como eje, ya que este es la sede de la mente, la plataforma de lo espiritual, el actor real en la interacción con el otro y es en él que ocurre ese proceso evolutivo que nos ha hecho y sigue haciendo como la especie única que somos los seres humanos. Es en el cuerpo y a través del cuerpo que podemos darnos cuenta de los cuatro lados o aspectos de esa dimensión no fragmentada que estoy viviendo, sintiendo, reconociendo y nombrando en estas líneas.
Cuando me refiero a la integración como el fundamento de la ética, por lo tanto, estoy hablando de lo opuesto a la fragmentación. Y estoy diciendo que lo no ético es lo fragmentado. Esta afirmación pretende ir bastante más allá de la ética en lo sexual, y cubre todos los espacios de lo ético. |